mi padre le pedía prestado a un vecino, una carreta de
cuatro ruedas y también un caballo,
para ir de paseo al campo, en las afueras de la ciudad...
El lugar a donde íbamos, era más bien un campo sin vegetación, para mí no era nada atractivo ir a ese lugar. Creo que el que más disfrutaba era el caballo, porque comía mucho pasto.
Y al llegar allí, después de treinta minutos de viaje tranquilo, sacaban de las bolsas, masitas, jugos y mate para merendar. Moscas y mosquitos por todas partes, no veía la hora de volver a casa...
Después de comer y tomar algo, mis padres y una amiga con la hija nos acompañaron "al paraíso" queriendo subir un puente por donde pasaba un arroyuelo y por encima las vías del tren, a ver, lo voy a explicar mejor: había una loma y tres arcadas del puente que seguramente las habían hecho los ingleses, cuando hicieron el ferrocarril.
Empezamos a subir todos, pero yo me fui por otro lado, lejos de mi familia, en un costado del puente había una subida con escalones, y me pareció fácil treparme. De pronto, se terminaron los escalones y me tomé de los yuyos que habían, hasta que uno de ellos se salió de su entierro.
Mi cuerpo empezó a resbalar ligero hacia el piso y el temor fue tremendo. Entonces, mis gritos pidieron ayuda a Dios. Dije: "-¡Dios mío, ayúdame!-" Y en ese segundo se oscureció mi vista y se me apareció la Virgen de Luján, justo que mis pies encuentran un apoyo. Dios me escuchó y la Virgen también! Fue un milagro! Fui bajando despacio, mientras la respiración me volvía lentamente, y dando muchas gracias a Dios, por haber encontrado ese soporte para seguir viviendo y contar esa aventura. Dios existe.
Historia real año 1967 o '68.
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