jueves, 4 de septiembre de 2014

EL VALOR DE UNA MANO

Cuando el ser humano llegó
al estadio de homo faber, el
famoso fabricante o hacedor
de cosas, nació en ese momento,
la primera artesanía...


                                                                        


          Las fronteras entre ésta y el arte fueron y son aún indeterminadas. ¿Y qué objeto sería su primera obra? Una especie de punta de sílex, una forma todavía poco definida, pero que ya dejaba adivinar su tendencia y su utilidad, estrictamente práctica.
          La primera obra de arte manual del hombre fue, pues, un instrumento, sencillo y sumario, de defensa y de ataque. Después se preocupó, aunque fuese intuitivamente, de lograr cierto ajuste en el tallado de las facetas, y mantener una línea de equilibrio, de proporciones, de simetría.
          Un día, el hombre chellense o musteriense, como lo designan los antropólogos, encontró una suerte de placer en dar mejor forma a aquellos trozos de piedra. Por cierto que sus manos poco tenían ya de las brutales y torpes garras iniciales.
          Paciencia y contracción al trabajo hacen lo demás, que brinda aquella criatura desvalida y necia, en relación con otras especies, la suprema dignidad manual que lo distinguirá, entre otras cosas, del mono, el castor que construye su vivienda con la cola; el hornero que lo hace con su pico.
          Luego, las pinturas e inscripciones cavernarias mostrarán el resultado de millones de años de evolución; ya podemos hablar de arte al respecto. Pero lo primero fue la piedra tallada con otras piedras. Y sus dos manos, una gran maquinaria...
               
                                
           
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